CUANDO EL CIELO SE DERRUMBÓ, Las Bombas Atómicas que Acabaron con Japón

No podía creen el espectáculo tan horrendo que se le presentaba ente sus ojos. “¡Dios mío! ¿Qué hemos hecho?”, escribió aterrorizado en su diario Robert Lewis(1), copiloto del avión que dejó caer la bomba, mientras el firmamento estallaba en un inmenso hongo de fuego que envolvió la ciudad de Hiroshima, Japón, engulléndola para dejarla sólo en cenizas.

  • 18 Agosto
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  • Guillermo Saad
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Se trataba de la respuesta contundente que Estados Unidos dio a su archienemigo para acabar con una guerra que estaba resultando demasiado cara en vidas humanas y recursos. Tan solo la invasión a Okinawa había costado más efectivos y pertrechos que el desembarco en Normandía durante el Día D, y se trató de solo una de las 50 operaciones que la Marina realizó en el teatro bélico del océano Pacífico.

Fue así como se culminó el proyecto secreto Manhattan, en el que colaboraron científicos como Albert Einstein, y que culminó con la destrucción de dos ciudades japonesas, la rendición del imperio del Sol Naciente, y con la advertencia para el mundo sobre el poder destructivo que se estaba alcanzando.

Ese día…

Eran las 02:58 horas del 6 de agosto de 1945, cuando el bombardero Enola Gay, un avión B-29 de las llamadas superfortalezas volantes, tomaba la pista para despegar de la isla de Tinian rumbo a su cita con la historia. Un día antes, el coronel Paul Tibbet, comandante de la misión, había bautizado así a la aeronave en honor de su madre

Casi seis horas de vuelo después estaba a la vista la industriosa ciudad de Hiroshima. En punto de las 08:15 sucedió todo. La aeronave dejó caer su carga mortal: Little Boy (“Niño Pequeño” o “Niñito”), una bomba con poder destructivo de 20 mil toneladas de dinamita.

Menos de un minuto (54 segundos) tardó en caer el artefacto que desató un infierno de 50 millones de grados centígrados registrados en el epicentro de la explosión: “El cielo se derrumbó sobre ellos y luego volvió a levantarse”, fue parte del relato de uno de los sobrevivientes a este holocausto (2).

Tres oleadas de calor se dejaron sentir y luego vino la calma que anunciaba la muerte y la devastación de la otrora próspera metrópoli. Más de medio millón de almas y 60 mil edificios se perdieron ese día, además de los miles que morirían años y hasta décadas después, a consecuencia de la radiación.

"Fue un destello blanco plateado", recordó en diálogo con la agencia AFP Sunao Tsuboi, de 90 años, sobre el momento en el que Estados Unidos lanzó la mayor arma destructiva hasta entonces. Tsuboi, entonces un estudiante universitario, se encontraba a 1.2 kilómetros del epicentro, cuando la explosión se lo llevó por delante.

“Al reincorporarse, su camisa, pantalones y piel colgaban de su cuerpo, donde las heridas abiertas dejaban los vasos sanguíneos al aire, mientras que parte de sus orejas habían desaparecido. Estaba cubierto de sangre y quemaduras”.(3)

El Plan Manhattan y la Decisión Final

El antecedente de esta catástrofe se remonta al 22 de diciembre de 1942, cuando la Flota Imperial Japonesa atacó a la base militar estadounidense de Pearl Harbor, Hawaii, siendo este el detonante que precipitó la entrada del país de las barras y estrellas a la Segunda Guerra Mundial.

Tres oleadas de aeronaves procedentes de los portaaviones nipones, atacó y hundió acorazados, destructores y sembrara la muerte esa mañana cercana a la Navidad: “Hemos despertado al tigre dormido”, expresó el comandante Hideki Tojo, que lideró el ataqué japonés.

La destrucción fue devastadora, pero ninguno de los portaviones estadunidenses fueron afectados por estar fuera de la base militar ese día. A partir de ese día la guerra en el Pacífico transcurriría con incruentas batallas navales, como la de Mideway, donde fueron hundidos los portaaviones orientales, con lo que comenzó a inclinarse la balanza en la guerra.

La primera campaña de ocupación comenzó en Guadalcanal, y posteriormente sucederían las batallas más duras y simbólicas en la guerra, con invasiones a las islas cercanas a Japón, que fueron tomadas, literalmente, a sangre y fuego, como Saipán, Tulagi, Iwo Jima y la decisiva de Okinawa, que ponía a los americanos en situación estratégicas para comenzar a atacar directamente al corazón del llamado Imperio del Sol Naciente.

Mientras tanto, en el Laboratorio Nacional de Los Álamos se impulsaba de manera secreta el llamado Plan Manhattan, para investigaciones nucleares, el cual fue autorizado por el presidente Franklin Delano Roosevelt, pero que a su muerte seguiría contando con el apoyo de su sucesor, Harry S. Truman.

Luego de la invasión de Okinawa, ya en territorio japonés, comenzaron los bombardeos incendiarios a otras ciudades importantes, pero evaluando que doblegar al ejército imperial costaría demasiadas muertes, se decidió lanzar la primera bomba sobre Hiroshima.

Pero la pesadilla no frenó con la aniquilación de esta ciudad. Tres días más tarde (9 de agosto de 1945), la ciudad de Nagasaki compartiría el mismo destino que su hermana en desgracia, al recibir en su seno a la bomba atómica llamada Fat Man (“Hombre Gordo” o simplemente “Gordo”).

Se trataba, pues de la única vez en la historia que se ha utilizado un arma de destrucción masiva para acabar con cientos de miles de vidas humanas en segundos, y la amenaza estadounidense, fue concluyente para el emperador Hiroito: La próxima bomba bien podría caer en la capital, Tokyo.

Tal muestra de poderío destructivo fue suficientemente convincente como para que el 2 de septiembre de ese mismo año se firmara la rendición japonesa en el barco USS Missouri, la misma nave que resultaba emblemática para la ocasión por haber sido dañada y reparada luego del ataque a Pearl Harbour.

Con la rendición de Japón terminó por completo la Segunda Guerra Mundial, pues Alemania había firmado antes su capitulación, el 7 de mayo del mismo año. Sobre la humanidad quedaría indeleble el recuerdo de esta gran conflagración y, sobre todo, la advertencia de que la existencia de la humanidad quedaba amenazada con estas armas de destrucción masiva.

En una ocasión en que le preguntaron a Albert Einstein cómo creía él que sería la Tercera Guerra Mundial, contestó que no sabría cómo sería, pero si acaso sobrevivieran seres humanos a esta debacle, seguramente la Cuarta Guerra Mundial sería con piedras y palos.

  • (1) Gordon Thomas para el periódico El Mundo (España), edición del 8 de agosto de 2004: El diario perdido del “Enola Gay”.
  • (2) Periódico La Nación (Argentina), edición del lunes 14 de octubre de 2013, en la entrevista Nunca perdía una noche de sueño por Hiroshima, concedida por el piloto del Enola Gay, Paul Tibbet, al reportero Héctor D´Amicco.
  • (3) Portal Todo Noticias (Argentina); 21 de agosto de 2015. Nota: Hiroshima, 6 de agosto de 1946: el día que cambió el mundo.

Modificado por última vez en Viernes, 18 Agosto 2017 15:19