El Embrujo

Llega una bella dama a un restaurante; sería, elegante, con un aire de superioridad que ni el viento que tira robles es capaz de derrumbarle; Pide solo un café americano y una pieza de pan dulce; son las siete de la mañana, momento en que hombres y mujeres de provecho dan inicio a su día.

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En el silencio del establecimiento la mujer que toma la delicada taza para dar un sorbo a su amarga cafeína, parece abstraída de la realidad y sumergida en pensamientos inconcebibles; cualquier persona daría razón o entendimiento a ello cavilando en que la labor que le ocupa es exhaustiva, tanto, que ya su vida no es más que un mecanismo cíclico, una monotonía tan inmensa que ya su morir sería un grito en el desierto.

El pan aún está a la mitad, y el café se ha consumido; La hermosa chica levanta la mano y la mesera, apresura el paso y en menos de un segundo una nueva taza llena hasta el borde de café americano está en la mesa.

Inquietante, pero no habían pasado más de diez minutos desde que aquella interesante belleza aguda ingresó en el lugar. Cada movimiento que hace es, sin duda, pensado y previsto; han pasado diez minutos más, el café y el pan han llegado a su fin. La mujer se levanta y comienza un andar arrogante y sensual.

Permanece inerte en la entrada, y en pocos segundos entran al restaurante unos hombres, los cuales se encaminan de forma apresurada al mostrador; parecen solo agitados por el frío de la mañana. Enseguida una taza de café les es servida. La mujer sigue inerte en la puerta.

Los hombres al terminar sus bebidas muestran una agitación mayor y, con gran violencia sujetan a la gentil y noble señora que les había servido gustosa; la hacen llorar y le ordenan traer todo el dinero que guarda detrás en la cocina y que solo cada treinta días va y deposita en el banco. La mujer sigue inerte en la puerta.

La servicial dama, sin más remedio, obedece y cumple las exigencias, no obstante los trabajadores que le han acompañado desde que inicio el negocio, molestos y furiosos se van con escobas y sartenes sobre los delincuentes, quienes responden con golpes y balazos. La mujer sigue inerte en la puerta.

Mientras tanto, en la cocina, la persona que fue por el dinero, desesperada y temblando de miedo, busca detrás de las repisas, en los cajones y hasta en el refrigerador, busca algo, encolerizada está tratando de hallar algo, el dinero no es lo que busca, pues tres veces a pasado la vista justo donde se encuentra la bolsa con las ganancias. La mujer sigue inerte en la puerta.

¡Por fin! ¡Un arma! El arma está cargada y, la mujer, segura de sí misma sale de la cocina, esta vez sin mayor vacilar y desde una distancia considerable dispara a los hombres que han dejado agonizantes a sus empleados y amigos en el frio, pero limpio, suelo de azulejo, sin embargo no fue suficiente el esfuerzo; uno de los hombres, tirado en el suelo, con el ultimo aire de vida alcanza a dar un tiro a la gentil señora.

Mientras todos agonizan, la extraña mujer, desde la entrada, en donde permanecía inmóvil, levanta magnificente su mano derecha y de un suspiro, la dueña, los empleados y los delincuentes de la cafetería dejan de respirar.

Así, hechizados por la muerte, todos obedecían sólo a aquella mujer extraña que permanecía inerte en la entrada del restaurante. Que la muerte esté entre nosotros es escalofriante, y lo es más cuando nos observe mientras nuestra esencia se esfuma del mundo animado.

Modificado por última vez en Miércoles, 26 Febrero 2014 18:13