ESPÍRITU FELINO Leona Vicario, Insurgente de Armas y Letras, fue Guerrillera y la Primera Periodista Mexicana

Con esa alma indómita y felina que la caracterizó toda su vida, ella logró escaparse de la persecución disfrazada de negra para ir a luchar con ideas, pero también con las armas en la mano, por la independencia de México.

  • 20 Diciembre
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  • Guillermo Saad
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La noche era cálida en esa primavera de 1814 cuando por una de las garitas de la entonces capital de la Nueva España transitaba una carreta colmada de jarras con pulque, o al menos eso parecía. Acompañaban al transporte dos conductores y una mujer de color que se veía fatigada cargando un niño. Nadie sospecha, pero se trata de Leona Vicario escapando de las autoridades virreinales.

Las jarras, en lugar de la bebida de agave, iban rellenas con tinta para la impresión de los periódicos independentistas que se publican en favor de la lucha contra la corona española. La mujer marcha a la batalla para unirse a la lucha con las fuerzas insurgentes de José María Morelos.

Pero su es escapatoria tendría otros tintes, pues además del celo patriótico la movían también los hilos del amor, y así es como hasta el poblado de Tlalpujahua, en el Estado de México, fue en busca de su amado Andrés Quintana Roo, otro rebelde que participaba con las tropas comandadas por Ignacio López Rayón.

Hija de la Revolución Francesa

María de la Soledad Leona Camila Vicario de San Salvador nació en la Ciudad de México, en al año de 1789, como hija de un comerciante español y una dama de Toluca, pero también prohijada por la Revolución Francesa, que estalló en ese mismo año de su nacimiento.

Tuvo una buena educación, a diferencia de las damas de su época, pero quedó huérfana y heredera de una gran fortuna a los 17 años de edad, por lo que su tío Agustín Pomposo se hizo cargo de su crianza como albacea.

Como empleado de su tío trabajaba el pasante de leyes Andrés Quintana Roo, y en ese despacho lo conoció y se enamoraron por sus ideas revolucionarias en favor de la emancipación, a las cuales ella era también proclive, como lo demostró plenamente con su afiliación al grupo sedicioso denominado Los Guadalupes.

Desde 1812 apoyó con dinero, comida, uniformes y medicinas a las fuerzas de López Rayón, pero dos años después fue descubierta, duramente interrogada y encerrada por la autoridades en el convento de Belem de las Mochas, de donde escapó el 22 de abril con ayuda de los insurgentes Luis Rodríguez Alconedo y Antonio Vásquez Aldana, quienes vistieron como soldados realistas para realizar tal hazaña.

Fue por esas fechas que tuvo lugar su espectacular escape disfrazada de mujer negra para ir en busca de José María Morelos y Pavón hasta la ciudad de Oaxaca, que el célebre jefe insurgente había tomado a sangre y fuego.

En el campamento de Morelos la joven se casó por fin con su amado, pero sin descuidar la lucha armada, pues con voluntad, convicción y paciencia viajó al lado de la tropa, sufriendo las privaciones de campaña, y siendo ejemplo de entereza ante la falta de descanso, comida, abrigo y techo.

Dio a Luz en las Sombras

Un día de 1917, viajando embarazada sobre una mula en compañía de su esposo, y luego de una dura travesía, se vio obligada a dar a luz a su primera hija bajo el amparo de la cueva de Achipixtla.

“Cabalgar era agotador. El sol quemante de la Tierra Caliente michoacana hacía que la ropa se pegara al cuerpo por el sudor intenso que perlaba rostros”, nos relata sobre esta historia la investigadora Cecilia del Palacio en su libro intitulado Leona (1).

En sus páginas señala que, estando ya cerca del poblado de Santa Ana Zitatecoyan, sucedió todo: “Había preocupación en todos, y más cuando vieron que Leona se doblaba y caía su cabeza sobre el cuello de la bestia; parecía vencida por el agotamiento y en peligro de caer de la montura”. (2)

Y más adelante agrega: “Encontraron una cueva, entraron y se veía el fondo de apariencia sin fin, así lo denotaba la oscuridad en la que se perdía la vista. Y ahí fue atendida por las mujeres, en el parto ejercido por María Pascuala”. (3)

Poco después del alumbramiento de su hija Genoveva fue capturada y enviada a vivir a Toluca bajo arraigo domiciliario, junto con su marido, quien debió entregarse y amnistiarse para salvarla de prisión.

Por si fuera poco, el gobierno virreinal confiscó todos los bienes de la insigne mujer, por lo que la familia vivió en la pobreza hasta la consumación de la independencia, en 1821, mismo año en que nació su segunda hija, Dolores, llamada así en honor del pueblo de Dolores, Guanajuato, donde surgió la lucha libertaria liderada por Miguel Hidalgo e Ignacio Allende.

Por su apoyo a la causa de México, el Congreso de la Unión decidió resarcirla del embargo de sus bienes a manos del gobierno virreinal, indemnizándola con 112 mil pesos, pero no habiendo recursos económicos para cumplir con el compromiso se le concedieron en cambio dos propiedades en la Ciudad de México, así como la hacienda de San Francisco Ocotepec, en el municipio de Apan, estado de Hidalgo.

Desde 1823 vivió la familia en la casa situada en las antiguas calles de Carretas y Sepulcros de Santo Domingo, a tan solo metros de distancia del edificio sede donde operó la Santa Inquisición, ni más ni menos que el Tribunal del Santo Oficio.

En esta casona cercana también al ex convento de Santo Domingo (hoy Brasil 77) vivieron por 17 años los Quintana Vicario, y como era costumbre en la época, ellos ocuparon la parte alta para alquilar la planta baja, teniendo como primer inquilino ni más ni menos que al inefable Antonio López de Santa Anna.

Fue a las nueve de la noche, del 21 de agosto de 1842, cuando Leona Vicario murió tranquilamente en esa misma residencia a la edad de 53 años.

Dama y Periodista de Primera

Como hija heredera de una clase acomodada, Leona Vicario pudo vivir tranquila, sin inmiscuirse en asuntos de política, pero su espíritu revolucionario, progresista y libertario la motivaron a dejar la comodidad de su hogar para acudir al campo de batalla, colaborar con ideas, en la logística, pero también en la batalla.

Además de la valiosa información que proporcionaba a la causa independentista por estar en tan estratégica posición, ayudó también con dinero, comida, medicinas y hasta convenció a un par de armeros para que laboraran en favor de la causa para las campañas contra el ejército realista.

Pero uno de los más grandes aportes que Leona Vicario hizo fue poner su talento intelectual y gusto por la política, historia y literatura aportando ideas en los dos periódicos insurgentes, El Semanario político americano y el Ilustrador americano, publicados bajo el amparo de Morelos.

La segunda gaceta vio la luz pública entre el 20 de mayo de 1812 hasta 17 de abril de 1813, siendo editado por José María Cos y Francisco Lorenzo de Velasco en Sultepec y Tlalpujahua, Estado de México.

Aquí se daban a conocer ideas y planes de la primera junta de gobierno independiente del país, llamada Suprema Junta Nacional Gubernativa de América, o simplemente Junta de Zitácuaro, por haber sido fundada en esa población de Michoacán. Para contrarrestar la influencia de estos periódicos que contaron con las plumas de Andrés y Leona, los realistas publicaron el Verdadero ilustrador americano.

En 1831 es asesinado el connotado insurgente Vicente Guerrero, quien fungía entonces como el segundo Presidente de la República. El crimen había sido urdido por el entonces Vicepresidente Anastasio Bustamante, quien tiempo atrás militó como oficial realista y luego pasó a las filas independentistas con la proclamación del Plan de Iguala.

Como resultado de este homicidio, el matrimonio Quintana Vicario fundó en ese año el periódico El Federalista, con claras tendencias críticas hacia los conservadores y en especial contra el régimen de Bustamante, a quien llamaban burlonamente “Brutamante”, con lo que Leona reafirmó su título como primera periodista mexicana.

Mujeres de Armas Tomar

Considerada como la “Mujer Fuerte de la Independencia”, el espíritu felino y feroz de Leona Vicario la colocan entre los próceres de la patria junto con los grandes hombres de México, pero también de insignes damas.

En la lista aparecen la corregidora de Querétaro, Josefa Ortiz de Domínguez, así como María Ignacia Rodríguez de Velazco, mejor conocida como la Güera Rodríguez; Rita Pérez de Moreno, esposa del insurgente Pedro Moreno; Antonia Nava de Catalán La Generala, que comandó una fuerza de mujeres, y la indígena María Manuela Molina, capitana en el ejército de Morelos, entre otras más.

A partir de 1925 los restos mortales de Leona Vicario fueron integrados al emblemático monumento nacional conocido como Ángel de la Independencia, junto con el de otros ilustres insurgentes, como Hidalgo, Morelos, Allende, Guerrero y Ortiz de Domínguez, entre otros. Desde 1948 aparece su nombre con letras de oro en el Palacio Legislativo de San Lázaro.

Modificado por última vez en Miércoles, 20 Diciembre 2017 16:45