Negocios Sazonados al Dente

Su paso por el campus Ermita de la Universidad ICEL le dejó al chef José Eduardo Ruiz Hernández las tres cosas que más ama en su vida: su profesión como licenciado en Gastronomía, que es hoy su pasión; la novia, que se convertiría luego en su esposa y con la que ha procreado una hija, así como el sueño de convertirse en empresario, como lo puede presumir como dueño de dos negocios.

  • 18 Julio
  • 201 Vistas
  • Noticias
  • Edwin Muñoz Fuentes
Valora este artículo
(0 votos)

Y es que, efectivamente, José Eduardo es feliz propietario de la Cocina La Bet, donde da rienda suelta a su creatividad como chef, preparando sus propias creaciones, y la banquetera Arte y Producciones, que hace las delicias de los invitados a las fiestas para las que lo contratan como proveedor; sin embargo, para este joven emprendedor queda todavía un gran anhelo pendiente, el de abrir algún día su propio restaurante de platillos internacionales.

De todo esto y más nos contó en una entrevista el egresado de la Universidad ICEL, quien aprovechó la ocasión para contarnos algo de su vida personal, de los retos que se ha impuesto y para dar el mensaje a otros estudiantes de que deben esforzarse y siempre perseguir sus sueños.

Primera Cocción

Al llegar a la Cocina LaBet fui recibido de manera muy cordial por su propietario y mi anfitrión, el chef José Eduardo Ruiz Hernández. Para realizar la entrevista nos fuimos a la parte trasera del inmueble, donde estaba instalada una mesa con una presentación de primera: mantel color naranja y sillas blancas, “tal vez planeado por la psicología del color para que me diera más hambre”, pensé al momento de entrar ahí.

El chef llevaba puesto sus zapatos de cocinero y la misma filipina con que se graduó de la universidad. Al sentarnos, me ofreció un café, que amablemente su mami sirvió. Eran las 10:15 horas cuando se inició la entrevista, que poco a poco se fue convirtiendo en una especia de charla de buenos amigos.

“Mi primera práctica la realicé a los 15 días de haber ingresado a la carrera”, nos comparte en tono divertido: “Preparé una paella negra para el programa de tv Netamorphosis, lo cual fue una experiencia emocionante. Imagínate, me dije en voz baja, apenas comienzas y ya tan pronto vas a aparecer en la tele”.

Con suma alegría nos relató cómo al final de cada cuatrimestre presentaba a compañeros y docentes diferentes platillos, durante la celebración de los eventos denominados Semana Cultural, y ahí daba vuelo a su imaginación haciendo preparaciones en el laboratorio de Gastronomía, poniendo en práctica lo aprendido en clase.

Al recordar su inicio como universitario, dijo que estudió el bachillerato en Turismo, de 2009 a 2012; y para ingresar a los estudios superiores debió enfrentar la disyuntiva de elegir si estudiaba Ciencias de la Comunicación o Gastronomía.

“Tenía los dos folletos en mis manos, y primero dudé en cursar Gastronomía porque era una carrera nueva en el campus, pero el Coordinador de la licenciatura, que en aquel momento era Jorge Omar Sánchez, fue quien me convenció de seguir mis instintos y estudiar esta profesión”.

Con gran entusiasmo comentó que prácticamente se la vivía en el campus universitario, ya que entraba a las siete de la mañana y salía a las ocho de la noche: “Tenía que dejar su estación limpia, con los utensilios en su lugar e impecables, pero más importante aún, como me enseñaron los tutores, tenía que practicar mucho para ir descubriendo mi sazón”.

El Aderezo de una Buena Profesión

Y de pronto llegaron las anécdotas inherentes a sus estudios, algunas curiosas, otras graciosas, y algunas más intensas, pero todas, a final de cuentas, aleccionadoras.

“En una ocasión, mientras practicábamos en el laboratorio de Gastronomía, vacié una bolsa de papas precocidas para hacerlas a la francesa, pero el agua que estilaba salpicó al aceite caliente y yo dejé caer la bolsa de plástico en que venían empacadas, de modo que se quemó… ¡Qué oso!”, comenta entre risas y luego agrega en son de broma: ”Quizás por eso prefiero cocinar alimentos no procesados”, y ríe.

Más allá de las chanzas, José Eduardo, como todo buen chef, nos dice que prefiere utilizar siempre ingredientes frescos y que él mismo haya elegido para sus platillos, “como hechos a la antigüita”, subraya.

Una vivencia que recuerda con el mejor sabor de boca fue la práctica académica que realizó con otros compañeros en Puerto Vallarta: “Trabajamos en una de las cocinas del hotel Decameron, que tiene abiertos cinco restaurantes de diferentes especialidades. Ahí experimentamos por vez primera la experiencia, muy intensa, de trabajar bajo presión, con jefes que nos exigían mucho a pesar de que sólo éramos estudiantes que laborábamos de paso, pero fue una probadita de lo que muchos deberíamos de enfrentar luego, en el mundo laboral… Fue una gran lección”.

Rememoró otras prácticas laborales, como cuando la Universidad ICEL cumplió 25 años y celebró un evento en el hotel Fiesta Americana Reforma, donde nuestro chef realizaba su servicio social. Comentó que también trabajó en Burger Bar y en Vips, donde conoció a otros colegas universitarios: “Ahí nos dimos cuenta de la buena preparación que adquirimos en la Universidad ICEL”, nos cuenta con visible orgullo.

En la actualidad, como propietario de Cocina LaBet y la banquetera Arte y Producciones, nos comenta que se trata de negocios que impulsó primero como un servicio para su familia y conocidos, lo que le sirvió para dar a conocerlos de boca en boca, hasta que decidió abrirlos al público.

“Fue difícil al principio, pero como todo en la vida, se trata de aguantar y ser perseverante, de modo que yo mismo repartía los flyers en la calle para promocionar mi negocio”. Posteriormente, según nos relató, abrió páginas en Facebook y en Whatsapp para que lo contrataran, y un tío le ayudaba con la contabilidad y administración de los negocios, de modo que con el tiempo ha venido adquiriendo cada vez más responsabilidades.

Por la Estrella Michelin

Sus días empiezan muy temprano, a las cuatro de la mañana, momento en que va a adquirir los ingredientes que ocupará para el menú del día o la semana, según sea el caso: “Mientras recorro los mercados me voy imaginando cómo voy a preparar tal o cual receta, invento combinaciones que se me ocurren al momento, o simplemente pienso cómo o con qué voy a servir el platillo”.

Pero José Eduardo es un chef que no deja de prepararse, pues conoce sus áreas de oportunidad, como por ejemplo, los postres, a los que considera como su talón de Aquiles, de modo que ya piensa en inscribirse en cursos para dominar este dulce arte.

“Bien vale la pena seguirse preparando, pues es un gusto observar que las personas disfruten la comida que le serviste, que se tomen el tiempo de saborearla, y no hay mejor receta que la que se te antoja”, nos confiesa el chef como una confidencia, y luego subraya que por eso el lema de su negocio es “Da de comer lo que tú quisieras comer”.

Aunque la cocina italiana es su favorita, su meta a mediano plazo es tener un restaurante de comida internacional en la zona sur de la Ciudad de México. Sabe que la competencia es difícil, pero con la preparación que obtuvo en la universidad, sumada a su talento y esmero, confía en que logrará este sueño para obtener una estrella Michelin, que se otorga a los mejores chefs.

“A la Universidad ICEL le debo más que mi buena formación, pues fue en el campus Ermita donde conocí a mi compañera de vida, con la que he formado mi familia”, señala nuestro entrevistado, quien comenta que cuando se hicieron novios, ella estudiaba Ingeniería en Sistemas.

“Me apoya incondicionalmente, pero mejor aún, me ha dado el regalo más hermoso, mi hija Frida Camila”, nos dice con ojos vidriosos por las lágrimas de emoción que apenas se asoman, y como su hubiera sido invocada por su voz, se escucha en ese momento el llanto de la bebé: “Ambas son el motor de mis esfuerzos”.

Ya pasa del mediodía. Ha transcurrido el tiempo volando, en amena charla, y es tiempo de despedirnos, pero antes le preguntamos si, llegado el momento, metería a su hija a estudiar en la Universidad ICEL, y su respuesta es contundente: “¡Por supuesto! Estoy convencido de que esta institución me abrió las puertas a un futuro interesante”.

Y luego, a modo de reflexión, agrega que esta casa de estudios ofrece las herramientas para que sus estudiantes salgan bien preparados, pero no todos aprovechan esta oportunidad: “Si no quieres estudiar, la mejor escuela del mundo no te sirve para nada, por eso les digo a los alumnos que hoy se forman ahí que luchen y se esfuercen siempre por alcanzar sus sueños”.

Y luego, como corolario a la entrevista, les obsequia un consejo a los que estudian la carrera de Gastronomía: “Para realizar el plato perfecto, tienes que hacerlo mil veces, y será el mil uno el que por fin sale a tu entera satisfacción, ya luego todo es empezar de nuevo”.

Modificado por última vez en Miércoles, 19 Julio 2017 11:48