Vivir la Esencia del Todo

Aquella sociedad caminaba robótica, en sus mentes solo imperaba la razón, fría y calculadora. No había más sentimientos. El viento constante del aleteo de una bestia colosal congelaba el ambiente y las almas; por ende, la gente enfermaba y moría con rapidez; el alimento escaseaba, la ciudad en toque de queda; soldados se replegaban por las casas, hurtaban, sometían a las personas y las obligaban a hacer reverencia al monstruo reinante.

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Tiempo atrás los medios hablaban de que algo se perdía, de que se estaba dando mayor valor a la vanagloria, el dinero, los vicios y demás aspectos negativos. Grupos de todo tipo se manifestaban por las calles anunciando la peligrosidad de esta tendencia, más la gente seguía en sus labores, algunos les insultaban, otros oían pero no escuchaban; la semilla no quedaba en sus adentros.

Y así siguieron los días hasta que el mayor de los sentimientos desapareció de la faz de la tierra; los que de alguna manera aún lo tenían, trataban incansables de cobijar a los demás, pero todo era inútil; poco a poco los seres humanos comenzaron a aniquilarse entre ellos, la envidia y el egoísmo corría por sus venas, la ira era la causante de muchas atrocidades y de la nada crujió la tierra y surgió esta gran bestia de un enorme abismo y se apoderó de todo.

Los pocos que resguardaban vestigios de ese preciado tesoro en su ser, se organizaron y consiguieron víveres, ropa y diversos accesorios para subsistir y huyeron a las provincias, se guarecieron en cuevas y se exhortaban mutuamente; platicaban con temor de lo que acontecía y no veían remedio; entonces muchos de ellos recordaron el origen de la humanidad, cuál fue el motivo de la creación y comenzaron a pedir que ese sentimiento volviera.

La tierra entonces tembló con fuerza, trompetas sonaron en las alturas, el ente alado se estremeció; en un intento desesperado sopló fuego de su boca para exterminar todo lo existente, pero en ese momento un león gigante emergió del cielo y saltó sobre él, mordiendo su cuello y desangrándole hasta hacerlo perecer. De repente el entorno retomó su calidez y su apariencia habitual. El felino rugió con fuerza y los que estaban ocultos en las cavernas salieron a su encuentro.

Y la voz del león exclamó: “Su fe les ha sido de consolación y alivio, pero es aquél sentir perdido el que ustedes recuperaron y que les ha salvado, dándoles la oportunidad de existir por siempre y poblar nuevamente el orbe, conforme fue el propósito inicial; así que no dejen de vivir la esencia del todo que es: El Amor”.