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Saturnino Herrán en la pintura y la cultura del México moderno

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Saturnino Herrán en la pintura y la cultura del México moderno

Colosal, erguida e imponente se presenta Coatlicue en el lienzo. Su nombre significa “la de la falda de serpientes”, diosa de la tierra, madre de dioses; su figura es un recordatorio de la herencia del México prehispánico. 

Sin embargo, en su interior, muestra una silueta adicional: un hombre, con la cabeza abajo, portando una corona de espinas, del cual emana sangre por las heridas del torso, las rodillas y los pies. La fusión representa el encuentro y la mezcla de dos culturas, desde el ámbito teológico hasta el pictórico.

Esta es la pieza central del retablo conocido como Nuestros dioses, una de las obras inconclusas de Saturnino Herrán, compuesta por tres partes: 

  • La primera, donde se aprecia la herencia indígena llevando la ofrenda a la diosa.
  • La parte central, que presenta a Coatlicue con la figura identificable del Cristo, lo que marca la llegada o intromisión de un nuevo credo.
  • La tercera pieza, donde los conquistadores logran introducir con éxito la nueva doctrina religiosa a la cual se le rinde culto.

Saturnino Herrán es considerado como parte de los pintores que tomaron al indigenismo como tema central de sus obras, temática que daba prioridad a retratar la vida cotidiana del pueblo, en particular de aquellos descritos como indígenas, quienes mantenían férreamente arraigadas sus costumbres prehispánicas.

Igualmente, rendían cierta veneración a la religión impuesta por los conquistadores y que, varios siglos más tarde, desempeñaban con humildad las labores impuestas por la clase social a la que pertenecían.

Datos biográficos de Saturnino Herrán

Nació en Aguascalientes el 9 de julio de 1887.

Su padre, José Herrán y Bolado, ostentaba el cargo de tesorero del estado, a la vez que se desempeñaba como catedrático en el Instituto de Ciencias; mientras que su madre era reconocida en gran parte por la ascendencia francesa y los cargos públicos que habían ostentado sus familiares hacendados. 

Su infancia transcurre en Aguascalientes, hasta que a la edad de 14 años, su padre es electo como diputado suplente en el Congreso de la Unión y la familia se traslada a la Ciudad de México.

En el ámbito académico, se sabe que inició sus estudios en el Colegio de San Francisco Javier, en Aguascalientes, donde demuestra una inclinación hacia el desarrollo de las artes expresivas, particularmente en el ámbito pictórico.

En 1901, ingresa al Instituto de Ciencias para cursar el bachillerato, pero su trayectoria se ve interrumpida en 1902 con la mudanza a la Ciudad de México. 

La tragedia llega a la familia en 1903 con el fallecimiento de don José Herrán, lo que temporalmente desestabilizó la situación económica y social, tanto de su madre como del mismo Saturnino Herrán, quien de todas formas buscó la manera de ingresar a la Escuela Nacional de Bellas Artes, cuya dirección se encontraba a cargo de Antonio Fabrés.

La habilidad de Herrán le favoreció como estudiante, pues pasó directamente a las clases superiores de pintura y dibujo, teniendo al carbón y la sanguina como las técnicas predilectas de sus primeros trabajos. 

Las personas que influenciaron en la obra de Herrán, se mencionan a Antonio Fabrés (su mentor), Ignacio Zuloaga, Joaquín Sorolla; así como a sus contemporáneos Juan Tellez, Ángel Zárraga y Julio Ruelas. 

Con respecto a la paleta de color, el japonesismo y las aplicaciones de colores que van de lo tenue a lo brillante, con algunos detalles en sombra a modo de contornos, se presentan como algo característico de su obra; mientras que en la temática pasa de la simbología y lo representativo a la crítica social, y el encuentro-fusión de culturas se convierte en una presentación recurrente.

Como artista, tenía la firme convicción que el arte y la cultura debían formar parte del motor que impulsara la transformación social de México, lo que lo hizo continuar su obra hasta el momento de su fallecimiento en 1916 a la edad de 31 años. 

Por esa época, se encontraba trabajando en dos obras: Retrato de Simón Bolívar y el retablo Nuestros Dioses, de los cuales se conservan los bosquejos.

La importancia de Herrán para el diseño gráfico

Prestando atención a la obra de Herrán, puede apreciarse un manejo diverso de técnicas, pero ante todo un interés por captar las escenas del México que le tocó vivir, no solo los movimientos sociales que se gestaban en la época, sino la vida misma del país y cómo transcurrían algunas de las actividades cotidianas. 

Cuando su obra se torna más simbólica y recurre a elementos representativos, puede hablarse de un lenguaje semiótico y pragmático donde deja en claro que el pueblo de México es en sí el resultado de la fusión de culturas. 

Su relevancia como parte de los conocimientos que se requieren en diseño, parte de la propuesta estética y simbólica que refleja con amor y respeto a la nación.

Silvia Sámano Landgrave

Docente de la carrera de Diseño Gráfico en campus Zaragoza de Universidad ICEL.

Licenciada en Diseño Gráfico por la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, de la UNAM. 

Cuenta con un diplomado en Diseño Editorial por la Academia de San Carlos. Actualmente, está cursando la maestría en Educación basada en Competencias.

Tiene experiencia en formación tipográfica para editoriales y de forma independiente.

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