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Día del Niño, la educación actual de los niños ante la pandemia

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Día del Niño, la educación actual de los niños ante la pandemia

Myriam Orozco Carrillo
Directora Académica de Universidad ICEL

En el marco del Día del Niño es obligatorio hacer una reflexión sobre cómo la están pasando los niños ante la pandemia, el sector al que más debemos poner atención, sobre todo en lo relativo al sector educación.

Ya pasó un año y un mes del cierre de los centros educativos, mismo periodo donde niñas y niños perdieron su libertad; libertad que, a pesar de estar en un espacio protegido por cuatro paredes, no siempre fue suficiente para mantenerlos a salvo de un pequeño, pero potente y peligroso virus de nombre Covid-19. 

¿Cómo cambio la educación? o ¿Cómo es que se transformó? ¿Cómo viven los niños la pandemia? ¿Cómo es que la viven los padres de estos niños?

De la noche a la mañana, contadores, abogados, químicos, dentistas y demás profesionales “ajenos a la educación”, se convirtieron en pedagogos o educadores; por otro lado, los propios pedagogos y educadores, en menos de 24 horas, se transformaron en expertos en el uso de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación). 

En menos “de lo que cantó el gallo” todos fuimos expertos en videollamadas, plataformas educativas y digitales, en colaborar, en ser multitask, e incluso transformamos nuestras estancias, salas, o recámaras en extensiones de la vida del colegio o escuela y en la propia oficina, donde ahora no solo se escuchan risas o convivencias de familia, sino que esas voces se transformaron en la escucha activa de indicaciones a seguir por parte de los verdaderos educadores; los docentes estaban tras de un monitor dando indicaciones sobre los pasos a seguir de cada una de las actividades. 

En mi caso, me sentía como cuando era niña: siguiendo los pasos que dictaba un personaje de nombre “Cositas” al intentar seguir la actividad o manualidad que mi hija de 4 años debía hacer. 

La diferencia era que nunca llegaba el corte comercial que favorecía la conclusión de la manualidad y para que, a la par de la conductora del programa, se terminara; entonces: “¿qué vamos a hacer mamá?” “¿Le digo a la maestra que no nos quedó?”

Comenzaban los cuestionamientos, cuestionamientos que son sorteados de una u otra forma al tratar de convencer a la hija de que también como lo hicimos es correcto.

Pero este puede ser el mejor de los escenarios dentro de lo mal que puede leerse, pues existen otros escenarios donde los padres tienen que trabajar y entonces los niños de una edad avanzada, quizá primaria y siguientes niveles, son puestos frente al monitor de una computadora, tablet o celular a seguir solos las indicaciones de su clase.

Pero lo más pequeños, de jardín de niños, a quienes su propia curiosidad los hace buscar la emoción de su aprendizaje en otro espacio dentro del mismo cuarto, se traduce para los más grandes en una distracción, lo que en ocasiones se observa como una frustración más para el padre que para el propio pequeño. Y entonces viene otro planteamiento:

¿Cuál es el papel de la escuela en estos momentos?

Y estos cuestionamientos me llevan a pensar en los años de 1993 a 1996, en los que una Jaque DeLors escribió sobre 4 pilares que la educación tendría que haber desarrollado desde esos años y hasta nuestros tiempos, en el ensayo La educación encierra un tesoro, que es una reflexión sobre:

  • aprender a conocer
  • aprender a hacer
  • aprender a vivir juntos
  • aprender a ser.

Estos cuatro pilares se depositaron en la educación de estos años para aprender a sobrellevar lo que la pandemia nos está exigiendo.

¿Qué tanto estos pilares verdaderamente nos dotaron de herramientas?  

Y entonces pienso en Edgar Morin, quien nos habla de 7 saberes:

  1. Una educación que cure la ceguera del conocimiento.
  2. Una educación que garantice el conocimiento pertinente.
  3. Enseñar en la condición humana.
  4. Enseñar en la identidad terrenal.
  5. Enfrentar las incertidumbres.
  6. Enseñar en la comprensión.
  7. La ética del género humano.

Este año hemos estado a prueba, validando si verdaderamente “aprendimos y aprehendimos”.

Evidentemente, por la pandemia, la educación debe transformarse, pero debe transformarse desde la institución misma; es decir, si la escuela se trasladó en menos de 24 horas a otro espacio, si los actores cambiaron en menos de esas horas, es momento que nos preguntemos qué debemos transformar y qué debemos cambiar pero, sobre todo, dando respuesta a para qué debemos transformarnos.

Y así puedo citar varios autores de textos, e incluso experimentos sociales, enfocados en procesos educativos y todos me llevan a recordar a Sugata Mitra y su proyecto The hole in the Wall.

Mitra expone que los mejores docentes nunca llegan a los lugares donde verdaderamente se les necesita.

Es en 1999 cuando inicia con este proyecto, que consistía en colocar computadoras incrustadas en la pared con una libre navegación a fin de que el conocimiento llegara a las personas que los buscarán.  Ver video

Solo bastaba un curioso que se acercará a esa pequeña caja empotrada en la pared y le preguntara a un buscador sobre un tema en particular y ese buscador le daba una cantidad inimaginable de información sobre el tema que se le había preguntado o bien sobre temas similares y relacionados por si le interesaban.

En esa época, jamás nos imaginamos que unos años más tarde un pequeño, o gran, virus nos obligaría a transformar el hoyo en un verdadero abismo de conocimiento, transformar la educación y a los educadores; donde las instituciones cambiaron de posición dentro del terreno de juego, donde ahora todos somos parte de  la jugada y todos, instituciones, padres, madres, maestros, empresas, son cuestionadas sobre lo que sigue.

¿Qué es lo que sigue después de la pandemia?

Tratando de atender cada una de estas posturas y planteamientos reflexiono sobre cómo se vislumbra a la educación en los siguientes años.

Pienso en un texto publicado por la UNESCO, Educación 2030, declaración de Inchon, en el cual se analizan los elementos sobre los cuales las instituciones educativas deben dirigir sus acciones a fin de poder establecer y atender los planteamientos revisados por expertos en educación. 

Un nuevo planteamiento surge.

¿Están las instituciones educativas preparadas para lo que exige el 2030? ¿Qué acciones se están diseñando para lograrlo?

La respuesta no la tengo, pero cierro esta cita con una reflexión de Mitra para los padres en este Día del Niño de 2021:

Los niños aprenderán a hacer lo que ellos quieran aprender a hacer

Sugata Mitra

Esto ocurrirá en cualquier circunstancia o contexto y quizá, sin darnos cuenta, ellos se convirtieron en los verdaderos maestros de muchos de nosotros a lo largo de este año y un mes.

El Día del Niño en México se celebra cada 30 de abril, con el fin de recordar e impulsar los derechos de los niños, tales como a la salud, a la seguridad, a la educación, entre otros.

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Fuentes:

DeLors, Jaques (1996).  La educación encierra un tesoro.  Recuperado el 15 de abril de: https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000109590_spa

Morin, Edgar (1999) Los siete saberes necesarios para la educación del futur. UNESCO

TED, (2010).  Sugata Mitra y sus nuevos experimentos en el aprendizaje.  Recuperado el 16 de abril de: https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000109590_spa

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